Iglesia y Parque de Santa Lucía
La Iglesia de Santa Lucía se empezó a construir a finales del siglo XVI, concluyéndose en 1620. Se caracteriza por su entrada rectangular
enmarcado en cantera, vitral y espadaña. El atrio de la Iglesia de Santa Lucía funcionó como cementerio de la Ciudad hasta el año de 1821. Es en los años 50 cuando Torre Gamboa pintó un mural que representa el suplicio de Santa Lucía.
Enfrente de la Iglesia se encuentra el parque del mismo nombre, llamado también Parque de los Héroes. Durante el dominio español, este espacio albergó una hermandad dedicada a asistir enfermos.
Su historia como parque tiene sus orígenes cuando en 1804, por decreto oficial, se formó una plaza vistosa cuyos arcos que la caracterizan fueron edificados en el S. XIX. Los pisos de la plaza están formados de ladrillos ingleses y al centro del parque se sitúa un obelisco dedicado al Gral. Sebastián Molas.
El parque se encuentra dedicado a honrar a todos los músicos de trova yucateca. Cada jueves, este poético rincón colonial se transforma en el escenario de la tradicional Serenata Yucateca. Ahí, famosos tríos de trovadores y la Orquesta Típica Yucalpetén interpretan las melodías de inmortales autores yucatecos.
Se encuentra ubicada sobre la calle 60 por 55 en el centro de la ciudad.
Iglesia de Santa Ana
En 1729, el gobernador Capitán General Antonio de Figueroa y Silva, a quien apodaban “El manco”, mandó erigir el templo de Santa Ana -se
presume que sobre un basamento precolombino maya- en el sitio donde estaba ubicada una antigua capilla abierta. La obra, que se concluyó en 1733, no la pudo contemplar terminada su promotor, ya que la muerte lo sorprendió en las selvas del oriente del Estado después de combatir con éxito a los corsarios de Belice. Una placa de piedra colocada en la fachada principal exterior del recinto, con inscripción en castellano antiguo, indica que allí reposan los restos mortales de su constructor.
La iglesia se encuentra en la calle 60, entre 45 y 47 en el centro de la ciudad.
Parque y Mercado de Santa Ana
Tranquila y apacible, ideal para resguardarse de los rayos solares bajo las ramas de los árboles o disfrutar del fresco de las noches estrelladas, la plazuela de Santa Ana, que emergió como vértice de una población maya prehispánica, trata de mantenerse ajena a las transformaciones de la ciudad. Modesto barrio de artesanos y jornaleros durante la época colonial que registró rápido desarrollo a partir del trazo de una calzada desde la Plaza Grande en el siglo XVIII y la construcción de su peculiar templo, el parque de Santa Ana también tiene una historia que contar.
En los primeros años del siglo XVIII, el gobernador y capitán general de Yucatán Antonio de Figueroa y Silva mandó trazar una calle derecha desde el entonces Palacio Episcopal (edificio del Ateneo) hacia el norte, engalanada por dos arcos de cantería (demolidos en el siglo XIX), de modo que el panorama del barrio de Santa Ana sufrió un cambio radical que aceleró su desarrollo.
Actualmente el parque de Santa Ana es sede de tianguis y muestras artesanales y gastronómicas que constantemente se montan en su explanada. El mercado se distingue por la exquisita comida regional que ofrece a lo largo del día y es uno de los sitios obligados a visitar por los huéspedes de nuestra ciudad.




